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2010-11-08

El Estado es la TV

Cálamo&Alquimia Revista | Silvia Meave

Si los emprendimientos que ganaron el reality show mediático llamado "Iniciativa México" realmente merecían el premio o no, es irrelevante. Televisa demostró que tiene el poder y los recursos para comprometer a un presidente de la República en la entrega futura de partidas de programas sociales del erario público para un concurso que careció de reglas claras y transparencia, cuyo eje evidente era la evasión de impuestos disfrazada de compromiso social, si no es que el lavado de dinero.

Resulta inquietante observar que en un contexto de instituciones de Estado debilitadas, una empresa de medios electrónicos que libra su batalla particular por extender sus tentáculos a sectores clave del desarrollo (telecomunicaciones y electricidad) tuvo la capacidad de meter en el mismo saco a las personalidades más respetables del país, como el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y a "celebridades" de dudosa reputación porque negarse a participar en el juego, más allá de incorrecciones políticas, podría haber sido una pésima estrategia de sobrevivencia.

Sun Tzu se ha de haber retorcido en su tumba de que el poder político se sometiera a los designios del poder económico de facto: Un líder evita las ciudades amuralladas del adversario y pelear en su territorio porque las probabilidades de sucumbir y volverse prisionero son mayores... En la Iniciativa México, todos entraron como borreguitos a las fauces del lobo en el territorio de Televisa. Y es que si bien se supone que el concurso era patrocinado por casi todos los medios de comunicación afiliados a la Cámara de la Industria de la Radio y Televisión; pero según los términos de participación en el concurso, que eran una suerte de contrato unilateral que era obligatorio aceptar para entrar al sitio web donde empezó el espectáculo, los concursantes reconocían a Televisa como su patrón para efectos de promoción de los emprendimientos que serían elegidos para competir por los premios.

El "contrato" original refería que los participantes del concurso debían presentar propuestas que no tuvieran o hubiesen tenido apoyos de ningún tipo y que habría tres ganadores que recibirían respectivamente tres, dos y un millón de pesos. Hasta ahí todo entraba dentro de lo coherente, aunque por recibir esa cantidad de dinero, los ganadores cedían la administración de derechos de sus proyectos a Televisa. Esto significaba, según los términos, que la empresa manejaría también la administración fiscal de cada proyecto premiado, el cual se integraría a los pasivos de la empresa.

Los ganadores del concurso, si es que queda algo del "contrato" aceptado al registrarse en el sitio web del mismo, entregaban también a Televisa el derecho de usufructuar su rostro, su nombre, el nombre del proyecto y todas las imágenes (fijas y de video) que se generaran a partir de que fueran seleccionados en las semi-finales. Curiosamente, el énfasis que se hizo en el registro de los proyectos no se hizo en lo obvio de estos casos: un plan de negocios, sino en que los concursantes enviaran fotografías suyas y del entorno en el que se desarrollaría el proyecto. El nombre del proyecto debía tener impacto mediático también, para competir ventajosamente.

Después de eso, empezó la farsa. Había más de 47 mil registros que presuntamente votaría el público en la web, lo que permitiría la acumulación de puntos para definir a los semifinalistas. Aparentemente, el show en la web no tuvo el rating esperado ni el perfil que deseaban los organizadores. El diseño del sitio web no se prestaba para que el público explorara las iniciativas. No había información de lo que cada concursante pretendía hacer y sólo se rotaban en la página de inicio los proyectos que habían enviado fotografías profesionales.

Peor aún, de pronto resultó evidente que los proyectos que tenían el apoyo de gobiernos o grandes empresas empezaban a acumular puntos porque aventajaban la votación, al estilo "reina de carnaval", gracias a sus empleados y proveedores, quienes sin duda se vieron obligados a votar.

Algunos participantes se quejaron de la mecánica del concurso en mensajes que publicaban en la página de la Iniciativa México en Facebook y los organizadores borraron las votaciones una y otra vez, no sin apropiarse de datos personales y direcciones de correo electrónico de las personas que apoyaban a los concursantes; pues no se podía emitir voto alguno si no se daba santo y seña que a estas horas debe estar vendiéndose en Tepito junto con las bases de datos del registro electoral y de los usuarios de telefonía celular.

Al cabo de unas tres semanas, vino el acto de magia: Los semifinalistas que -sin explicación alguna por parte de los organizadores a los concursantes- fueron presuntamente designados por gente de Ashoka, una organización global, prestigiosa impulsora de emprendimientos sociales. Si Televisa sólo utilizó el nombre de la organización, como evidentemente lo hizo con los nombres de personalidades que fungieron (¿o fingieron?) como miembros de un fantasmal "Consejo Técnico": el rector de la UNAM, José Narro Robles; la directora del Instituto Politécnico Nacional (IPN), Yoloxóchitl Bustamante Diez; el ex secretario de Salud, Juan Ramón de la Fuente, la eminente investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM, Julieta Fierro o los escritores Héctor Aguilar Camín y Homero Aridjis, eso sólo lo saben quienes estuvieron dentro del espectáculo mediático.

Salvo un par de emails sin sustancia, agradeciendo el registro de los participantes, no hubo ningún contacto entre organizadores y concursantes. Jamás hubo una evaluación de cada proyecto registrado y ni soñar que cada concursante pudiera explicar de viva voz frente algún representante de la empresa cómo pretendía echar a andar su idea (si no estaba aún desarrollada).

Lo que siguió después fue un cambio en las reglas del juego, como si fuera la telenovela de mayor audiencia, y en lugar de que se posicionaran emprendimientos empresariales auténticos, Televisa retomó su especialidad: el fomento a la falsa filantropía y el énfasis de las virtudes de los desvalidos, de esos "jodidos" de los que han vivido los Azcárraga toda su vida.

Al margen de toda triquiñuela, quedó patente con la Iniciativa México que el gran empresariado mexicano, con su mentalidad medieval y devotamente cristiana, sigue creyendo que la limosna a los pobres los redimirá de sus acciones. Por eso no hubo entre los proyectos premiados ninguna iniciativa que fortaleciera el microemprendimiento creativo, la generación de empleos bien remunerados o, al menos, el germen de una innovación que intente salvar a la humanidad de la autodestrucción. Por eso, México (y paradójicamente, sus empresarios también) está condenado a la desaparición por inanición creativa e irresponsabilidad social. <<>>



2010-11-04

¿Sólo 68 Cuentan?

cálamo & alquimia® |  @silviameave

El mensaje subliminal que contienen las listas de la revista Forbes es uno de los asuntos más grotescos que hay en la aldea global empobrecida por el capitalismo salvaje. No estoy muy segura de si tenemos que felicitar a los millonarios y poderosos por subir y bajar en el escalafón o si debemos indignarnos porque mientras ellos acumulan fortunas a costa de la expoliación del trabajo de millones de obreros, campesinos y siervos de cuello blanco, todos estos que estoy mencionando sobrellevan una calidad de vida neomedieval sin conexión con el mundo ultracivilizado que crean para sí los potentados.

En fin. Forbes juguetea con un ajedrez político, o mejor aún, con una partida de serpientes y escaleras bastante significativa para el establishment planetario, con la elaboración de sus super-listas que bien podrían ser como el "palomeo" de quienes manejan el mundo a nivel político y/o económico y financiero, por parte de los dueños del dinero.

Por eso resulta interesante que en su más reciente edición, la revista de negocios más famosa e influyente del mundo asegure que de entre 6 mil 800 millones de habitantes del planeta, sólo 68 importan porque -según el artículo que acompaña a la lista- son las personas que tuercen el mundo a su voluntad y ejercen su influencia sobre un número determinado de seres humanos. Mmmhh.

Vale como paréntesis comentar que la calificación de los lectores de Forbes para la lista sólo alcanzó las dos estrellitas, lo que puede indicar que la credibilidad de las listas va en declive; pero no por ello dejan de ser una referencia de cómo los barones de los capitales detrás del consejo editorial de la revista están construyendo al mundo en su peculiar ajedrez.

No es gratuito, entonces, que este año, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, haya sido destronado del primerísimo lugar del poder frente al mandatario chino Hu-Jintao, a quien los editores de Forbes le reconocen un mando dictatorial; y esto ocurre apenas un par de días después de la derrota demócrata en las elecciones intermedias de la Unión Americana. Está por demás decir que para los grandes capitales tiene más importancia un dictador perverso que un demócrata sincero. 

Y el esquema se repite cuando Forbes concede más influencia al primer ministro ruso Vladimir Putin, hoy cuarto hombre más poderoso, a pesar de que cayó un lugar con respecto al año anterior, que al presidente de Rusia, Dmitry Medvedev, si bien éste va en ascenso.

Es interesante saber que en el circuito del poder mundial, sólo dos mexicanos tienen poder global: un empresario y un narcotraficante. Carlos Slim y Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo; aunque los dos van a la baja. Slim, en 2009 ocupaba el lugar número 6 y doce meses después está en el 21 puesto; en tanto que El Chapo se desplazó del incómodo para un macho mexicano sitio 41 al 60. Dinero y delito mueven a México, sin un solo estadista a la vista.  

Dilma Rousseff, recientemente elegida como la primera presidenta de Brasil, aparece por primera vez en la lista, en el lugar 16, por encima de la secretaria de Estado de la Unión Americana, Hillary Clinton y del mandatario francés Nicolás Sarkozy. Únicamente Dilma y Sebastián Piñera, el multimillonario presidente de Chile, figuran entre los políticos latinoamericanos poderosos. El venezolano Hugo Chávez salió este año de la lista.

El papa Benedicto XVI subió como la espuma del lugar 11 al 5, en influencia global, según Forbes, y hasta el australiano Julian Assange, "provocador" editor en jefe de Wikileaks, tiene su rebanadita de poder, en el último lugar de la lista. 

Por supuesto, la bandita de los nerds millonarios (Larry Page y Sergey Brin de Google, Mark Zuckerberg de Facebook y Robin Li de Baidu) le pisa los talones a los viejos lobos de la tecnología, Bill Gates y Steve Jobs;  mientras que los bonos de Osama Bin Laden también están perdiendo fuerza, pues de estar en el lugar 37 el año pasado, hoy está en el 57. 

Según se ve, en la feria de las vanidades de Forbes todo se vale y probablemente la presunta influencia de muchos nominados por la revista es puro marketing. Sin embargo, los ciudadanos globales ya tenemos una idea de quienes hacen el pastel para la fiesta y a quiénes habrá que reclamar que no a todos les toque una rebanada. <<>>