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2016-06-04

Muhammad Ali: "Dios Maldiga el Dinero del Hombre Blanco"

 +CálamoyAlquimia Revista | +Silvia Meave

 "I will not disgrace my religion, my people or myself by becoming a tool to enslave those who are fighting for their own justice, freedom and equality...."
Muhammad Ali

La penosa muerte anunciada del polémico ex campeón de box estadounidense Muhammad Ali, né Cassius Marcellus Clay Jr, por el mal de Parkinson con el que vivió tres décadas como secuela de su carrera en el cuadrilátero, me llevó a hurgar en su motivación para volverse musulmán y cambiar de nombre. Recordé que siendo niña oí en una conversación de sobremesa en la casa de mi abuelo, aficionado al box, que el peleador había cambiado su identidad para no combatir en la guerra de Vietnam.

Aunque aparentemente la conversión de Cassius Clay al Islam no tuvo ese propósito, la historia oficial refiere que en 1967 el boxeador nacido en Kentucky sí invocó razones religiosas para no ser enrolado en el ejército, el trasfondo de esas razones era una firme posición social, política y económica frente al establishment.

Apenas tres años antes se había cambiado de nombre al convertirse en musulmán bajo los principios de una (valga la expresión) oscura organización de activismo racial denominada Nación del Islam.

Cassius Clay había sido bautizado así por su padre para honrar a un abolicionista de la esclavitud de los Estados Unidos que vivió en el siglo diecinueve. Sin embargo, Cassius, luego de conocer al activista Malcolm X, en esa época uno de los principales líderes de la Nación del Islam, se convirtió en Muhammad Ali.

Durante un corto tiempo, desde el púlpito de su fama, Muhammad Ali promovió públicamente el racismo y el odio contra los blancos de los también llamados "negros musulmanes" cuya acción, indirecta y paradójicamente, propició la integración de la comunidad afroamericana a la vida democrática de la Unión Americana.

Empero, Ali, al igual que su mentor Malcolm X, encontró que la Nación del Islam, organización religiosa supremacista negra fundada en los años treintas del siglo pasado, era menos musulmana que violenta y fascistoide; y por lo tanto Ali supo que el camino en la defensa de los derechos civiles de la gente de color no era la confrontación ni el chauvinismo racial.

Después del asesinato de Malcolm X, presuntamente perpetrado por miembros de la Nación del Islam que lo consideraron traidor por cuestionar el caracter supremacista de la organización y su desapego total a la base coránica, Muhammad Ali, cual héroe mítico en periplo, construyó su destino retando al sueño americano de la postguerra de única manera que podía hacerlo: Con su lúcida inteligencia (que según datos oficiales sólo llegaba a un IQ de 78 ¡¿?!) y el poder que como líder de opinión le dio su habilidad física para divertir a los "blancos sedientos de sangre".

A pesar de haber iniciado su activismo social del lado de los supremacistas negros, Muhammad Ali pavimentó el camino de la comunidad afroamericana, con logros personales arrancados a un sistema sociopolítico que al castigar su indisciplina le dio de modo irónico la libertad.

Muhammad Ali no fue a la guerra de Vietnam y habló de justicia para todos los que no eran (no son) blancos, si bien hoy día los redactores de la Wikipedia intentan darle un sesgo fundamentalista islámico -- muy adecuado para el establishment contemporáneo, al poner en sus labios un discurso religioso que, según fuentes periodísticas más fidedignas nunca se dio.

Lo único que consta en grabaciones es que Muhammad Ali dijo que no iría a la guerra porque no quería ser instrumento para esclavizar a quienes luchan por su propia justicia, libertad e igualdad. Entonces fue despojado de sus títulos de boxeo y de mucho dinero inventado por el hombre blanco que él ganaba partiéndose la cara con otros iguales que él, y que le costó su salud física. Al apelar una condena carcelaria de cinco años, Ali no pisó la cárcel; pero se volvió un orador muy solicitado cuando la oposición social contra la guerra en Vietnam y el movimiento pro Derechos Civiles cobraron intensa fuerza política.

Como activista, Muhammad Ali viró, al igual que su mentor Malcolm X, del violento supremacismo de la Nación del Islam al discurso de paz de la doctrina musulmana tradicional y finalmente se integró al Sufismo, reconocido como el lado místico del Islam.

Muhammad Ali puede incluirse en la lista de luchadores sociales como Gandhi y Nelson Mandela, que optó, hace casi medio siglo, por una (mal) llamada "desobediencia civil" pacífica, que sustentada en la legalidad, tiene el poder de derrotar a la sinrazón del establishment.

Hoy, la elegía funeraria de Muhammad Ali en los medios de comunicación enfatiza que fue el único tricampeón de los pesos pesados en la historia del box internacional. En realidad, es imprescindible revisitar y analizar su legado al activismo social. Fue él solo, con su voz y la ley en la mano, que abrió brecha a la justicia, no únicamente para los negros estadounidenses, sino también para todos los pueblos oprimidos por la supremacía del dinero y el racismo.

Como ocurre con todas las muertes, lo anecdótico en la de Muhammad Ali es que murió en la víspera del inicio del Ramadan, el mes sagrado de los musulmanes. Según el Corán, él, a estas horas y por sus buenas acciones en favor de la sociedad, tendría que estar en un paraíso con odaliscas y música fenomenal. ¿Será?  <<>>



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    2016-01-12

    El Réquiem de la Estrella Oscura

    +CálamoyAlquimia Revista | +Silvia Meave


    Blackstar as his “parting gift”.  
    Bowie had made his death - as he did his life – “a work of art”.
    Tony Visconti, Productor

    David Bowie se convertía en una estrella oscura mientras yo oía por primera vez su álbum recién estrenado, llamado Blackstar. El título me sugería algo intenso e innovador como todo lo que hizo Bowie, né David Robert Jones, a lo largo de su larga carrera artística que comenzó en los sesentas del siglo pasado. 

    Escuché la canción que da título al álbum con la mente abierta; pero no me gustó. Me gustan las disonancias musicales; pero Blackstar me pareció estridente y perturbadora. La voz cascada de Bowie evidenciaba su declive personal y no reconocí en la canción al experimentado artista. El estribillo "I'm a blackstar" me remitió a los malos experimentos musicales de mis amigos adolescentes post-punketos de los ochentas. Al término de los casi diez minutos que dura la canción, detuve mi audioplayer, comenté mi punto de vista en Twitter y regresé a oír las siguientes canciones que conforman la grabación.

    Todas las demás me parecieron muy buenas, aunque el aire melancólico que emanan me situaba de manera reiterada en un pasado musical que no puede repetirse. "Si la música oliera, el álbum de Bowie despide un aroma a naftalina", pensé. Y no había acabado con mi idea, cuando recibí una alerta de noticia de último minuto del Los Angeles Times que informaba del fallecimiento de Bowie.

    Juro que por un segundo creí que el tiempo era una anomalía onírica. A esas horas de la noche dudé si estaba despierta o dormida. Si lo que estaba leyendo era cierto, si había viajado al futuro, pues la presentación de Blackstar había sido dos días atrás... ¿O había sucedido meses antes? No podía ser que en el lapso de siete canciones, una de mis vacas sagradas de la creatividad artística hubiera dejado de existir físicamente. 

    Por un instante me sentí muy mal por haber sido tan dura en mi apreciación de la canción de la estrella negra u obscura. Sólo en ese momento entendí que el álbum era el réquiem del genial David Bowie, que al interpretar las canciones ciertamente era una estrella que se estaba apagando y había hecho -- quizá -- su máximo esfuerzo para emitir su última luz.

    Empecé a buscar toda la información posible sobre los últimos años de Bowie, esos que quedan como silencio necesario entre grabaciones de los músicos y que nosotros los fans imaginamos de descanso creativo; así que encontré que él fue de esa gente a la que llaman "guerreros de la vida" (un terminajo que ya aprendí por oírlo constantemente en los hospitales donde, por azares del destino, he sido espectadora del sufrimiento humano en su grado máximo). 

    Sólo entonces la disonancia de Blackstar -- la canción; pero también el álbum -- cobró sentido para mí y el maravilloso trabajo de David Bowie tomó su lugar en mi oído y en mi mente.




    Blackstar es el drama de quien aún bordeando la muerte, la asume, como dijo el productor Tony Visconti, a manera de un trabajo artístico. No podía ser de otro modo para David Bowie.

    Y su obra musical, casi póstuma, cobra mucho más dramatismo y más fuerza, con los videos que la acompañan, y que transpiran la agonía del extraordinario y multifacético artista británico.

    Blackstar se vuelve así la despedida planeada, el grito de una mente lúcida encerrada en un cuerpo en desintegración, que no se derrotó ni en el último momento.




    Bowie decidió cómo cerrar su fructífero ciclo en este mundo. Y definitivamente, Blackstar es un álbum hermoso, aunque doloroso en la angustia que trasluce, porque ahí está la esencia de Bowie, el ser de las estrellas que, en Lazarus se abre para decir: "Everybody knows me now".

    Por supuesto, Blackstar no es un álbum para oír en el automóvil ni en un reventón ligero. Hay que relajarse y escucharlo atentamente y en silencio para sorprenderse aún más de la voluntad artística de Bowie.

    Ahora sé que mi rechazo de primera instancia a la canción Blackstar era un rechazo inconsciente al mensaje de despedida de Bowie, porque de repente creí que regresaba. Logró conmoverme; entonces ES -- siempre lo será -- un verdadero maestro del arte y la creación. <<>>