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2011-09-11

Inevitable (9/11)

cálamo & alquimia® | @silviameave

La voz de Emil al otro lado de la línea me despertó: "Acabo de ver en la televisión que un avión se estrelló contra una de las torres gemelas de Nueva York".  De inmediato pensé en una avioneta que se habría estampado en la pared con el consiguiente saldo de muertos y heridos alrededor. Qué desastre, imaginé, y encendí el aparato televisor justo en el momento en que un avión volaba directo a una única torre que quedaba en pie, en un espectáculo propio de una típica película de Hollywood, que no podía aceptar como una realidad.

Después llamó Mustafa. Apenas unos días atrás había regresado a Los Angeles de Nueva York donde había recibido un cargamento de ropa de India para distribuir en los Estados Unidos y de paso había acordado con un socio de negocios la renta de un cubículo en el World Trade Center (WTC) que sería el domicilio de un proyecto periodístico online en el que llevábamos trabajando más de dos años y medio. La voz de Mustafa se oía metálica, vacía, triste; no era como la noche anterior, que habíamos hablado por más de una hora de nuestros proyectos y de un futuro promisorio en los negocios y en nuestras vidas personales. De la noche a la mañana del 11 de Septiembre 2001 la incertidumbre atajó el camino.

Y es que la noche previa al ataque a las torres gemelas Mustafa me había propuesto matrimonio. Me preguntó si estaba dispuesta a seguirlo en su religión, la musulmana, y sus tradiciones. Si yo aceptaba, él viajaría a México para que nos casáramos; me pidió que buscara el apoyo de la embajada de su país natal para que el matrimonio se realizara ante alguna autoridad religiosa islámica en el lapso de una o dos semanas y luego nos casaríamos por lo civil en los Estados Unidos. Estuve de acuerdo y al colgar, por primera vez en mi vida lancé mi pregunta al Universo: ¿En qué me metía al aceptar casarme con un musulmán, aunque fuera oficialmente americano a quien, paradójica e irónicamente vi por primera vez en un corredor del WTC?

No me pasó por la mente en ningún momento, ni en el mejor de mis sueños y mucho menos en la peor de mis pesadillas, que una respuesta a mi pregunta vendría como bumerang al despertar y la viviría al cabo de los días, las semanas y los años siguientes; y todavía una década después, hoy.

Está por demás decir que la boda musulmana en México no se llevó a cabo, pues Mustafa, sagaz, no quiso viajar más allá de los límites de California durante un largo rato. Sobre todo después de que unos hombres lo golpearon hasta que se cansaron, afuera de la mezquita, sólo porque salía de ahí.

Lo más doloroso: un par de socios en el proyecto periodístico que queríamos asentar en Nueva York se había integrado a la lista de víctimas fatales de los atentados y nuestros sueños debieron trasladarse a la ciudad de Los Angeles entre otras razones porque la carga emocional de varias historias enlazadas con el proyecto que tenía (tiene) su dosis de utópico multiculturalismo a la new age, simplemente impedía retomar el paso y avanzar con éxito entre los escombros de nuestro muy particular sueño americano.

II

Hasta antes del 11 de Septiembre 2001, el llamado mundo islámico era para mí simplemente un tema abstracto, de estrategia geoeconómica global, en el que me había especializado como periodista desde la invasión iraquí a Kuwait, para elaborar esos de repente esotéricos análisis informativos que nadie quería redactar en las publicaciones donde yo trabajaba porque -seamos sinceros- pocos lectores en México se interesan por lo que pasa más allá de nuestro país perpetuamente convulso y, por tanto, no hay posibilidades de lucimiento público para el o la periodista que los elabora.

Igual, sin proponérmelo, me volví de pronto testigo privilegiada del miedo, de ese terror que ha tenido el poder de fragmentar el microcosmos de la otrora dulce tierra de la libertad, y sólo alcancé a ver a Darth Vader doblar la esquina de Orange Drive y Hollywood Boulevard, sin que algún superhéroe lo detuviera.

Cuando recuerdo que cierto día la familia de Anna, en su hogar, en alguna capital europea, recibió la cordial visita de agentes de Inteligencia de su propio gobierno para interrogar inclusive a los vecinos, sólo para conocer detalles de la estancia de Faisal, periodista estadounidense -de origen persa, dice él- que a diferencia de Mustafa sí se atrevió a viajar por su novia después de los ataques en Nueva York, me queda claro que todos, en algún grado, hemos sido y seguiremos siendo durante mucho tiempo, víctimas del derrumbe del World Trade Center (WTC) de Nueva York. Desde entonces, quizá desde antes, todos estamos siempre bajo la mirada escrutadora del Gran Hermano y su odio fundado en la sospecha para controlar a la humanidad.

© 1998 Silvia Meave
Estoy convencida de que a raíz de los atentados de 2001 una buena parte de la sociedad estadounidense ha fortalecido una conciencia social que flotaba en el ambiente desde el fracaso del gobierno en Vietnam; pero todavía falta mucho por hacer, pues a veces, la desconfianza suscitada por la mentira y la barbarie sigue ahí.

Empero, soy optimista, pues a lo largo de diez años he descubierto que la riqueza de una vida cultural estigmatizada por el fundamentalismo islámico prefabricado para la tragedia, paradójicamente despierta, en primera instancia, la natural curiosidad de muchos por lo diferente, y después emerge la fascinación ante una antigua sabiduría sepultada a través de los siglos por la obsesión destructora de los pequeños Nerones que disfrutan sentir sus manos manchadas de sangre inocente. Irónico; pero sólo así el mundo occidental volvió su mirada a otras culturas y formas de vivir; y algunos hasta tratan de entenderlas. ●




►►► EPÍLOGO Y APOSTILLA 

+Dubitador Dubitadore 

Hola:

Interesante y sorprendente tu elegiaco articulo sobre la tragedia del 11/S de 2001. Fuiste una victima muy directa.
Aprovecho este medio privado para comunicar un par de posibles erratas:
...y encendí el aparato televisor justo en el momento en que un avión volaba directo a una única torre que quedaba en pie,
En realidad las dos torres estuvieron ardiendo a la vez e inopinadamente se derrumbó primero la que fue incendiada con el segundo avion.
Esos derrumbes me impactaron de un modo extraño y despertaron mi incredulidad. Resultó ademàs que un edificio colindante, mucho mas bajo y apaisado, se vino abajo del mismo modo, sin que se precisaran las presuntas altas temperaturas de un incendio por fuel de aviacion.
Impacta lo que cuentas de tu disposicion a abrazar el islamiso para contraer matrimonio con tu novio Mustafá; pero imagino que lo verias como algo puramente formal un requisito mas bien folklorico, tal y como es comun en la cultura catolica, un puro requisito social.
Hasta antes del 11 de Septiembre 2011, el llamado mundo islámico era para mí simplemente un tema abstracto
Supongo que se ha colado una errata y quisiste poner 2001, en vez de 2011.


+Silvia Meave:

Hola Dubitador!!... Muchísimas gracias por tu lectura y tus comentarios. Ya vi que el texto apareció en el reader antes de que hiciera la última revisión, jeje. Efectivamente se fue la errata del año, que ya corregí [ :D ] ... 
En cuanto al derrumbe de las torres, aquí sólo es la referencia de lo que quedó en mi mente como espectadora en shock y no tanto la exactitud del dato periodístico. Todo es de memoria y no quise revisar los videos ni mucha información porque mi texto hubiese perdido la intención de testimonio personal... 
Ahora, sobre lo de casarme en la ley islámica podría haber parecido algo exclusivamente religioso. Tienes razón, en el catolicismo ya es un asunto social; pero acá yo sabía que entraría a una nueva forma de vida, y estaba consciente de que tendría que cambiar muchos hábitos, empezando por la alimentación y confieso que me daba algo de miedo la leyenda negra de que en el Islam se menosprecia a las mujeres. Sin embargo ya conviviendo con la comunidad musulmana en los Estados Unidos empecé a conocer lo que viven los que están adentro de esa cultura en los países islámicos. De hecho tengo el proyecto de escribir un par de libros (uno sobre las mujeres en el Islam), pero tengo que conseguir patrocinadores para hacer entrevistas in situ. ¡Esa es otra historia! :)